.PRIMERO LA GENTE.
Ahora que el congreso nacional a merced del presidente le aprobo sin discusion un olimpico presupuesto de mas de 379 mil millones de pesos,sin una estrategia de desarrollo bien consebida, deben asimilar el contenido de este ejemplar libro.
PEÑA GOMEZ, en su programa de gobierno en 1996, si vio mas alla de la culva. pero Leonel un neoliberal a carta cabal insiste en su propio modelo de desarrrollo.
UNA CRITICA INTELIGENTE DEL CAPITALISMO.
Una mirada desde la ética del desarrollo a los principales problemas del mundo globalizado
Autores: Bernardo Kliksberg y Amartya SenEditorial: Ediciones Deusto,
Los progresos tecnológicos del planeta han sido excepcionales en el último siglo. Tenemos hoy la capacidad para alimentar al doble de la población mundial. Sin embargo, más de ochocientos millones de personas padecen hambre. También hay reservas de agua para todos y más. Aun así, mil doscientos millones no tienen acceso a agua limpia y casi dos millones mueren anualmente por falta de ella. Falta de plata, no es. Con el presupuesto militar mundial de cinco días, el déficit de agua y saneamiento podría reducirse a la mitad.Así comienza el libro
"Primero la gente", escrito por Amartya Sen y Bernardo Kliksberg, ..
Amartya Sen recibió el Premio Nobel de Economía en 1998 y es el autor del concepto de "desarrollo humano". Bernardo Kliksberg ha sido el pionero del concepto de una "ética del desarrollo".Los autores desarrollan una crítica inteligente del capitalismo, a partir del desafío del combate a la desigualdad. Esta se verifica tanto al interior de los países como entre países y abarca no sólo la desigual distribución de los recursos económicos, sino también de los políticos, los sociales y los recursos de poder en general. ¿Qué es lo que preocupa hoy? ¿Cuánta riqueza producimos? ¿Cuánto alimento? ¿Cuánta energía? No, lo que preocupa, como muestran las cifras del hambre o la sed, es cómo se distribuyen los recursos.Durante mucho tiempo la discusión se centró sobre el rol del Estado y del mercado, en parte como resultado de la tensión entre capitalismo y socialismo, al menos mientras existió un mundo "bipolar". Pero los autores nos recuerdan que la desigualdad es anterior al capitalismo; todas las sociedades producen desigualdad. O, como decía Rousseau, "precisamente porque la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir la igualdad, la fuerza de la legislación debe tender siempre a mantenerla".Ahora bien, que la desigualdad exista desde antes del capitalismo, no quiere decir que éste no la produzca. Sin duda porque, como señalan Sen y Kliksberg, "el capitalismo global está mucho más centrado en ampliar el dominio de las relaciones de mercado, que en el establecimiento de la democracia, o en mejorar las oportunidades de los más desfavorecidos". Por consiguiente, pensar que de un buen funcionamiento del capitalismo nos beneficiamos todos, es un error. Esto se reveló cuando en América Latina la principal preocupación era el crecimiento, que después iba a "gotear hacia abajo". Pero también lo sigue siendo hoy, cuando nuestra preocupación se orienta al "desarrollo", sin incluir dentro del concepto la noción de que la distribución de los beneficios debe ser más justa y que es el bienestar de todos lo que importa.El libro cita a Soros, quien advierte que los intereses comerciales internacionales tienen una marcada preferencia por trabajar en autocracias ordenadas y con un elevado nivel de organización más que en democracias activistas y menos reglamentadas. También advierte sobre la influencia que tienen las empresas multinacionales sobre las decisiones de gasto público en los países más vulnerables y que en mayor medida dependen de estas inversiones.En estos países, estas empresas presionarán para que el "clima de negocios" sea bueno, privilegiando a las clases gerenciales, o la mano de obra muy calificada, cuando las necesidades del país son otras. Cuando se privilegia la inversión y la estabilidad institucional para atraer inversión externa, en vez de privilegiar lo que la "voz de todos" haría (como aumentar los salarios o reducir la desocupación y la pobreza), se privilegia el imperativo de un "buen orden", que no necesariamente abarca a todos. Y claro está que en estos contextos, las decisiones públicas (como las que emanan de los mecanismos de democracia directa) pueden no ser las que más ayuden al desarrollo capitalista. Pero, ¿qué es lo que importa?Hay que contraponer a los criterios de "eficiencia" un criterio de democracia, que sea algo más que elecciones y voto, por importantes que éstos sean.El concepto de democracia debe vincularse a la inclusión de todos en el debate público de las cosas que importan. La democracia, dicen los autores, debe incluir a un "gobierno en debate".Las decisiones sobre los temas importantes no deben ser tomadas por una sola persona. Deben ser debatidas entre muchos.Cuando se justifica la decisión "de los pocos" sobre el bienestar de los muchos, sobre la base de que los temas son demasiado técnicos para que todos opinen, y esto es particularmente importante en el caso de las decisiones económicas, se está olvidando que éstas deben ser consultadas con la gente. Y ello, porque en la concepción del "desarrollo económico" deben incluirse los derechos democráticos. Y entender que los derechos democráticos son constitutivos del desarrollo.La democracia es un régimen que confiere poder a los vulnerables, dicen los autores, y es por eso que cuando una democracia funciona como un "gobierno en debate", los vulnerables viven mejor.Pero además, la cuestión es hasta qué punto podemos fijar nosotros, desde una política pública, sus necesidades. Y esto vale no sólo para los vulnerables, sino para todos los ciudadanos.Como dice Sen, "no somos solamente pacientes, cuyas necesidades requieren ser atendidas, sino también somos agentes, cuya libertad para decidir qué valoramos y cómo nos afanamos por obtenerlo puede extenderse mucho más allá de la satisfacción de nuestras necesidades".Así, ninguna política puede funcionar bien, sin "una óptica que vea a la gente como agentes cuyas libertades son importantes, y no solamente como pacientes, que no son más que sus condiciones de vida".Volvamos entonces a América Latina, un continente que en el "giro a la izquierda" está haciendo de la ecuación desarrollo-desigualdad un tema central de debate. Y recuperemos el sentido con el que este libro fue escrito.No habrá forma de combatir la desigualdad que no incorpore la libertad de los ciudadanos para participar en la cosa pública y tener capacidades para decidir sobre su destino. El propio Banco Mundial afirma que "hay un cambio en marcha, conforme al cual las nuevas alianzas entre la elite progresista, los funcionarios públicos, la clase media y los pobres está impulsando la creación de instituciones más inclusivas y eficientes". Pero nunca sin el concurso de la gente o, como dicen los autores: la gente primero.
Primero la gente
Amartya Sen/Bernardo Kliksberg. “Decía el filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein, que “quien sólo se adelanta a su época, será alcanzado por ella alguna vez”. La obra de Amartya Sen y Bernardo Kliksberg nos invita a conquistar el futuro, antes que aceptar su condena. El destino de nuestra especie está escrito en estas páginas. Sólo si convertimos las necesidades de la humanidad en nuestras prioridades; y si hacemos de la democracia, la paz y la solidaridad nuestras estrellas y caminos, podremos ataviar ese destino de una mayor justicia y dignidad.
Sólo si ponemos a la gente primero, podremos adelantarnos a nuestra época. Esa, es la esperanza del siglo XXI.”Óscar Arias Sánchez, Premio Nobel de la Paz, Presidente de Costa Rica.