¡Viva el Jefe!

Tal como hizo Trujillo, Leonel Fernández ha impuesto el lambonismo, la adulonería y el culto mesiánico a su imagen como gratitud política. El lambonismo, el soborno, la compra de traidores y tránsfugas. La corrupción del Estado. La prensa comprada y vend
ida. Y todas las malas artes que ha utilizado el presidente Leonel Fernández para perpetuarse en el poder, lo semejan con el dictador Rafael Trujillo.Y Trujillo, ¿dónde está después de 47 años?
El culto a Trujillo inició una competencia desmedida entre sus seguidores, quienes buscaban congraciarse y obtener prebendas exaltando la vanidad y megalomanía del mandatario. De esa manera, se logró que la Universidad de Santo Domingo otorgara el título de Doctor Honorario; en tanto, el Congreso presentó una moción que lo declaraba presidente vitalicio, llegándose a extremos tales de proponerlo como candidato al Premio Nobel de la Paz, en 1936."
Sin lugar a dudas su figura gravita aún, cual fantasma, en el espectro político, económico y social de República Dominicana.
Su nombre despierta las más insospechadas pasiones y, justo es reconocer, que la vida de la nación gira en torno al antes y después de su desaparición.
El gobierno dictatorial de 31 años de Rafael Leónidas Trujillo Molina, marcó con tinta indeleble, el devenir histórico del país. En el 2008, a 47 años de su ajusticiamiento a manos de un grupo de hombres, la mayoría de su entorno personal y particular que, cansados ya de los desmanes cometidos, decidieron jugarse el todo por el todo y extirpar, de una vez y para siempre el cáncer de la tiranía, se hace necesario revivir el período de la "Era de Trujillo", a fin de dar a conocer cómo las ambiciones políticas y económicas de un caudillo encuentran eco en un sinnúmero de oportunistas y allegados, que a la sombra de su figura, llevaron al país por derroteros de ignominia, humillación y ya al final, de sanciones y penalidades a todo un pueblo inocente, que clamaba por libertad.
Esta es la historia de los 31 años de oprobiosa dictadura del llamado "Generalísimo, Benefactor de la Patria Nueva y Perínclito de San Cristóbal".
Trujillo, amo y señor de este pedazo de isla durante tres largas décadas. Ascenso meteórico
La carrera militar del tirano comenzó con la primera intervención de los Estados Unidos a República Dominicana en 1916; fue entrenado en la escuela militar que los norteamericanos habían establecido en la comunidad de Haina, a fin de establecer la Policía Nacional, en cuyas filas ingresó Trujillo.
Su ascenso en el cuerpo del orden fue meteórico, y durante el gobierno de Horacio Vásquez llegó a teniente coronel, luego fue jefe de Estado Mayor y Comandante Auxiliar de la Policía Nacional. Ladino, taimado, ambicioso, Trujillo no desdeñó utilizar los medios a su alcance, cualesquiera que fuesen, para ascender y disfrutar el poder.
Y es así como el 2 de marzo de 1930, luego de un golpe de Estado en el que éste participó activamente, Horacio Vásquez presenta la renuncia a la Presidencia de la República, tomando posesión del cargo vacante de manera provisional, Rafael Estrella Ureña, quien había participado con éxito en un movimiento revolucionario en la ciudad de Santiago, el 22 de febrero de 1930.
Se convocó a elecciones, y como es de suponer, Trujillo presentó su candidatura, y el 16 de mayo de 1930 ganó los comicios sin oposición alguna, elecciones cuya legalidad siempre ha sido cuestionada, pero nunca aclarada. De esta manera, el 16 de agosto de ese mismo año, Trujillo ocupa la Primera Magistratura de la nación.
¡Rompan filas! ¡Viva el Jefe!
De inmediato comenzó lo que sería el culto a la figura del "Jefe", auspiciada por un grupo de aduladores de oficio, intelectuales reconocidos, y en 1935, el Congreso votó a favor del cambio de nombre de la ciudad capital de Santo Domingo a Ciudad Trujillo, y se procedió a edificar estatuas, bustos, tarjas en honor a Trujillo. El Congreso de la República llegó a extremos tales, de instaurar el 11 de enero de cada año como "Día del Benefactor". Todo esto ocurre en los primeros cuatro años de gobierno, cuando ya se perfilaba claramente la dictadura.
El culto a Trujillo inició una competencia desmedida entre sus seguidores, quienes buscaban congraciarse y obtener prebendas exaltando la vanidad y megalomanía del mandatario. De esa manera, se logró que la Universidad de Santo Domingo otorgara el título de Doctor Honorario; en tanto, el Congreso presentó una moción que lo declaraba presidente vitalicio, llegándose a extremos tales de proponerlo como candidato al Premio Nobel de la Paz, en 1936.
Ironías de la vida: un año después de haber sido propuesto para el Nobel, exactamente el 2 de octubre de 1937, por orden de Trujillo se llevó a cabo la matanza de haitianos en todo el territorio nacional, como una forma de "dominicanizar la frontera" y delimitar sus bordes. La cantidad de haitianos asesinados y repatriados todavía no ha podido ser contabilizada, y esto queda como uno de los principales baldones, de los tantos que tocan a ese período de la historia reciente, que recaen en este tortuoso y sangriento gobierno.
La reacción internacional no se hizo esperar, y Trujillo, para desagraviar al gobierno de la vecina nación, decidió indemnizar con el pago de 750 mil pesos.
En 1939, nueve años después de su ascensión al poder, Trujillo viajó a los Estados Unidos a fin de lograr la anulación de los tratados de 1907 y 1924, que colocaban bajo la salvaguarda del gobierno norteamericano las Aduanas del país. Esta vez, dentro de sus funciones, se abrogó el cargo de Embajador Extraordinario en Misión Especial. Aunque en esa ocasión no logró sus objetivos, al año siguiente, diciembre de 1940, de nuevo visitó la nación del Norte y esta vez logró un acuerdo, firmado por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Cordell Hull, en el que quedaron anuladas las convenciones firmadas con ese gobierno, lo que permitió en siete años, el pago total de la deuda externa que en ese entonces era de 9 millones 271 mil 855 pesos con 55 centavos.
Esta "hazaña", como fue calificada por los seguidores del sátrapa, logró que de nuevo, el Congreso le otorgara el rimbombante título de "Restaurador de la Independencia Financiera del país". En ese período, de 1938 a 1942, cobró impulso el desarrollo industrial con la creación de las principales empresas del Estado, pero que en la realidad, formaban parte del inmenso patrimonio de Trujillo y allegados, quienes convirtieron la República Dominicana en un feudo personal y particular, y como tal, se erigieron en señores de horca y cuchillo.
Ya en ese entonces comenzaron a surgir brotes de disidencia y rebelión, pues con la creación de la Organización de Naciones Unidas y la publicación de la carta de derechos fundamentales, la dictadura decidió "integrarse" a este movimiento, y en esa etapa surgen organizaciones políticas como el Partido Revolucionario Democrático Dominicano y el Partido Socialista Popular, entre otros, con lo que iniciaron las protestas y denuncias de los abusos cometidos por el régimen.
En esa época también se inicia el surgimiento de los sindicatos y gremios, organizándose la primera huelga en el país, liderada por Mauricio Báez, en busca de reivindicaciones para los trabajadores de los ingenios azucareros.
El empuje de esos grupos políticos hizo temblar a la dictadura, la que inició un proceso de represión duro y sangriento, contando con el apoyo y anuencia del gobierno de los Estados Unidos, que comenzaba a implementar La Política del Buen Vecino con las naciones del área, cuyos gobiernos fueran claramente anticomunistas, y dentro de esa corriente, claro está, se insertaba la dictadura trujillista, que sumió en el ostracismo político-social al pueblo dominicano.
El empuje de esos grupos políticos hizo temblar a la dictadura, la que inició un proceso de represión duro y sangriento, contando con el apoyo y anuencia del gobierno de los Estados Unidos, que comenzaba a implementar La Política del Buen Vecino con las naciones del área, cuyos gobiernos fueran claramente anticomunistas, y dentro de esa corriente, claro está, se insertaba la dictadura trujillista, que sumió en el ostracismo político-social al pueblo dominicano.
Pero los aires de libertad ya habían prendido en muchos dominicanos, y en junio de 1947, un grupo de exiliados, ayudados económicamente por gobiernos democráticos, inician entrenamientos en Cayo Confites, Cuba, en una aventura que no llegó a cuajarse, pues los preparativos fueron tan obvios, que Trujillo aprovechó para denunciar ante la opinión pública mundial el hecho, que abortó.
Expedición de Luperón.
Dos años más tarde, en 1949, otro grupo de anti trujillistas exiliados en Centroamérica, inician acciones tendentes a derrocar la tiranía, llevan a cabo la expedición de Luperón, que fue desarticulada en su raíz. De un grupo de valientes combatientes que llegaron en el único avión que pudo tocar tierra dominicana, sólo cinco sobrevivieron. El resto fue diezmado por las tropas del Ejército.
Diez años después, los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, ofrendaron sus vidas y despertaron la conciencia nacional, dando la campanada fundamental para la liberación definitiva de la nación dominicana, lo que ocurriría dos años más tarde, un 30 de mayo de 1961, con el ajusticiamiento del tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina.
El largo y tortuoso camino llegó a su fin esa noche en que, luego de tres intentos fallidos de asesinato, el grupo de hombres comandados por Antonio de la Maza Vásquez, dio al traste con 31 años de oprobioso régimen dictatorial.
La cacería humana que siguió a la muerte de Trujillo constituye una de las páginas más negras de la historia nacional. Hoy, 47 años después, el paso dado por esos hombres, ayudó a apuntalar el régimen democrático y de libertades públicas de que hoy gozamos. Por tanto, sus memorias no pueden diluirse en el tiempo.
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