LA MUERTE DE LINDA , Y LA HIPOCRESIA DE LOS SIMULADORES.
Pero a su sepelio fueron los hipocritas y simuladores que, durante su enfermedad nunca se aparecieron a dar respaldo a sus familiares, ni mucho menos a prolongarle la vida.
Linda como se le conocia, fue expulsado de la plaza de la salud por falta de recursos, y a consecuencia de esto, fue ingresado a un centro medico de muy baja calidad, el resultado su muerte.
Ahora vemos un grupito de rufianes politiquero queriendo hacer teatro ante la opinión publica cuando, en vida lo abandonaron, las autoridades y funcionarios palaciego nunca le dieron ayuda para prolongarle la vida. Esa es la verdad.
Tanto el velatorio como el sepelio de Donald Hulester Wagner Henderson “Linda el guloya” se convirtieron en masiva concurrencia de pueblo donde la multitud transformó el recorrido hacia la "Necrópolis San Pedro", en este municipio, en un militante reconocimiento de homenaje póstumo a quien supo esparcir momentos alegres mientras esparcía junto al Teatro Cocolo Danzante Los Guloya, al ritmo cadencioso y contagioso del tun tun al compas del tambor, la flauta y el tin tin de una campana melodiosa.
Pero a su sepelio fueron los hipocritas y simuladores que, durante su enfermedad nunca se aparecieron a dar respaldo a sus familiares, ni mucho menos a prolongarle la vida.
Linda como se le conocia, fue expulsado de la plaza de la salud por falta de recursos, y a consecuencia de esto, fue ingresado a un centro medico de muy baja calidad, el resultado su muerte.
Ahora vemos un grupito de rufianes politiquero queriendo hacer teatro ante la opinión publica cuando, en vida lo abandonaron, las autoridades y funcionarios palaciego nunca le dieron ayuda para prolongarle la vida. Esa es la verdad.
Tanto el velatorio como el sepelio de Donald Hulester Wagner Henderson “Linda el guloya” se convirtieron en masiva concurrencia de pueblo donde la multitud transformó el recorrido hacia la "Necrópolis San Pedro", en este municipio, en un militante reconocimiento de homenaje póstumo a quien supo esparcir momentos alegres mientras esparcía junto al Teatro Cocolo Danzante Los Guloya, al ritmo cadencioso y contagioso del tun tun al compas del tambor, la flauta y el tin tin de una campana melodiosa.

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