Amy Davidson comienza su artículo en The New Yorker sobre la difusión de los documentos de Guantánamo con todo lo que hay que conocer sobre la prisión militar situada en Cuba. Los expedientes de cada preso permiten saber la variedad de las identidades de los prisioneros y la utilidad que tenían para sus interrogadores: un agricultor porque conocía los pasos de montaña, un afgano por su conocimiento de las provincias de Jost y Kabul a causa de sus frecuentes viajes por la zona al ser un taxista, un uzbeko por su conocimiento de los servicios de inteligencia de su país, un anciano de 89 años y enfermo de demencia por lo que podría contar sobre unos documentos que podían ser de su hijo, un cámara de Al Jazeera para conocer el funcionamiento interno de la cadena de televisión y cómo habían conseguido la entrevista con Osama bin LadenEtcétera, etcétera, etcétera.
No es extraño que las enfermedades mentales y los intentos de suicidio se extendieran en la prisión. Es el mismo sitio del que Rumsfeld destacaba que gozaba de unas estupendas instalaciones y de una comida excelente.
Guantánamo era, según la propaganda norteamericana, el único lugar posible donde se podía encerrar a los terroristas más peligrosos de Al Qaeda, “lo peor de lo peor”, según decía el Pentágono. En realidad, era una fábrica de información, donde los detenidos, que habían llegado allí por muy diversas razones y algunas tan absurdas como uno se pueda imaginar en una guerra, eran exprimidos para rastrear cualquier gota de información que pudiera utilizarse contra Al Qaeda.
Todo el escenario era muy similar al de Abú Ghraib, aunque es de suponer que gestionado con más precisión y limpieza. No era un grupo de desquiciados policías militares los que gestionaban la tienda y dejaban escapar sus instintos más degenerados azuzados por los oficiales de inteligencia militar. Pero los principios eran los mismos. Se pescaban los peces con una red muy grande y luego se examinaba detenidamente cada uno para ver si podía ser útil.
En mitad de toda esta impunidad jurídica, no es extraño que el lugar adquiriera el carácter de limbo. Por eso, sólo 220 de los 780 que han pasado por Guantánamo estaban calificados por sus carceleros como terroristas peligrosos, gente como Jaled Mohamed, el arquitecto del 11-S. Los demás o eran completamente inocentes o sólo habían realizado funciones menores dentro de los talibanes o de Al Qaeda. En ambos casos, violar la legislación internacional y destrozar la reputación de EEUU (que aún realiza anualmente un informe en el que pone nota al respeto de los derechos humanos en otros países) parecía ser un precio que se podía pagar sin ningún inconveniente.
En mitad de toda esta impunidad jurídica, no es extraño que el lugar adquiriera el carácter de limbo. Por eso, sólo 220 de los 780 que han pasado por Guantánamo estaban calificados por sus carceleros como terroristas peligrosos, gente como Jaled Mohamed, el arquitecto del 11-S. Los demás o eran completamente inocentes o sólo habían realizado funciones menores dentro de los talibanes o de Al Qaeda. En ambos casos, violar la legislación internacional y destrozar la reputación de EEUU (que aún realiza anualmente un informe en el que pone nota al respeto de los derechos humanos en otros países) parecía ser un precio que se podía pagar sin ningún inconveniente.
A veces, la información que había conducido a esas personas a Guantánamo había sido conseguida con la tortura. No es que esas supuestas pruebas no se pudieran presentar ante un tribunal, sino que los propios captores tenían que saber que era de dudosa fiabilidad. Pero la prioridad no era hacer justicia y por tanto eso tampoco era un problema.
Exprimir a los presos y encubrir la forma en que habían llegado allí. A eso se dedicaban en la prisión, si es que se le puede dar ese nombre. Más parecía un centro en el que albergar a los secuestrados, porque no otra cosa eran esas personas. El estado de guerra permite a un Ejército encerrar a los enemigos para que no puedan seguir haciendo la guerra. Eso es bastante obvio. Se les dio una categoría diferente (la de “combatientes ilegales”) sencillamente para dar una cobertura pseudojurídica a los interrogatorios
El Casio F-91W con correa de plástico negro, omnipresente en los bazares del Tercer Mundo, era uno de los indicios que delataban a un presunto terrorista. Parece que los recibían como regalo los asistentes a los entrenamientos de Al Qaeda en Afganistán. Nunca antes un hecho tan trivial como comprar un reloj que lleva casi todo el mundo puede hacer que pases varios años en una prisión sin el derecho a que se presenten cargos.
Qué fácil es capturar terroristas cuando sólo tienes que mirarles el brazo.
En los documentos sobre los presos, aparece la palabra “posiblemente” 387veces. Típico de los servicios de inteligencia, que no están en condiciones siempre de moverse en el campo de las certidumbres, sino en el de las sospechas, pequeños trozos de información que se van pegando o indicios que se conservan por si en el futuro pueden ser útiles.
Nada que ver con el funcionamiento de la justicia, ni siquiera en tiempo de guerra. La lógica de Guantánamo no tenía nada que ver con eso.
Decir Guantánamo es decir Al Qaeda o Afganistán. El Pentágono sostenía que se trataba de una pieza fundamental en la guerra contra Al Qaeda. En realidad, la información que se buscaba en los interrogatorios también tenía que ver con otros países: Una vez más: se trataba de interrogar a presos y, muy en segundo lugar, de mantener encerrados a los más peligrosos, a pesar de lo que decía la propaganda oficial.
Los ingratos prisioneros de Guantánamo
Por Joaquín Rivery Tur
Tomado de Granma,
28 de junio de 2005
Tomado de Granma,
28 de junio de 2005
Todo eso lo tienen los más de 500 "huéspedes" musulmanes mantenidos por Estados Unidos en las mejores condiciones del mundo en Camp Delta, el hotel de Washington destinado a turistas seguidores de Mahoma y sus prédicas.
Esa es la visión de Richard Cheney, vicepresidente de Estados Unidos, de quien dicen es el verdadero mandamás en las tierras norteamericanas.
Según ANSA, Cheney dijo que los prisioneros de Guantánamo no deberían quejarse de las condiciones en que se encuentran porque son afortunados de vivir en el trópico. ¿Será que son malagradecidos al regar por el mundo la sarta de mentiras de que en Guantánamo se tortura cuando el Pentágono solo ha comprobado unos pocos casos de "malos tratos" y de profanación del Corán?
Cheney: viven "bajo los trópicos, están bien alimentados y tienen todo lo que quieren". Además, esos mismos que denuncian suplicios de todo tipo "se encuentran en instalaciones flamantes por las cuales gastamos mucho dinero. Son muy bien tratados".
Ahora el "hotel" va a ser ampliado y el contrato se lo llevó la empresa Halliburton, de la que Cheney fue presidente antes de ser vice de Bush (debe guardar un buen paquete de acciones), y en esto no hay ninguna ironía. No busquen "casualidades" con el hecho de que la "Halli" haya sido la transnacional más beneficiada en Iraq... y en Guantánamo.
Los prisioneros de distintos países que han hecho denuncias de todo tipo de torturas, humillaciones, tratos degradantes y profanación del libro sagrado de los musulmanes son mal agradecidos en el concepto de Cheney.
Pienso que el Vicepresidente de sonrisa despectiva ha proclamado todas las virtudes de la prisión para ver si algunos de los que combaten en Iraq y Afganistán contra EE.UU. se entusiasman y se entregan a las tropas norteamericanas para que los lleven a disfrutar de las bondades de Guantánamo..., si llegan vivos.
Albert Einstein decía que hay dos cosas infinitas. "Una es el Universo y la otra, la estupidez humana". Tendría que sumarle a su opinión, la crueldad humana. En Roma estuve reunido con una joven abogada norteamericana del colectivo de "Avogado, Reprieve", con sede en Londres, quien estuvo en Guantánamo cuatro veces en la base militar que los Estados Unidos tiene en territorio cubano.
El gobierno norteamericano sólo permite el ingreso de abogados norteamericanos para la defensa de los prisioneros. Ningún extranjero puede ingresar a la prisión. El colectivo de abogados en Londres representa a 33 prisioneros en Guantánamo que se encuentran en estado de indefensión jurídica y a quienes les niegan el derecho de defensa.
Calculan que actualmente hay 260 prisioneros; algunos esperan su libertad con la esperanza de retornar a sus países de residencia. Después del 11 de septiembre, del ataque a las Torres Gemelas en New York, se desató la Inquisición con toda la furia y persecución, acusando al Islam como responsable de los atentados y pretendiendo identificarlo con el llamado "terrorismo islámico

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