El padre Quinn murió desilusionado, al ver que las 40 obras prometidas por el presidente Fernández hace un año y medio no fueron cumplidas. SAN JOSE DE OCOA.-El luto y la desesperanza colectiva todavía embargan a los pobladores de la provincia de San José de Ocoa a pocos días de la muerte del padre José Luis Quinn a quien consideraban como el “sacerdote del pueblo” y luchador infatigable a favor de la ecología y la mejoría de la calidad de vida de los campesinos.
Cruzacalles, afiches y recordatorios que circulaban por toda la provincia constituyen la expresión más auténtica de reconocimiento de un pueblo a un sacerdote que se hizo querer por los más necesitados, durante toda su labor que databa desde el año 1965 cuando por primera vez llegó a las escarpadas montañas de esta provincia, llevando una intensa lucha para llevar agua a los campos lejanos, la reforestación de las lomas y lo más importante en su misión pastoral: fortalecer la espiritualidad del pueblo, llevando el mensaje de que sólo se llega a Dios con la mediación de Jesucristo.
Su último proyecto antes de morir, según expresa el padre Julián Hernández, su asistente en los últimos tres años de vida fue el de aprovechamiento de la neblina en la comunidad de Torón para extraer agua, algo novedoso tal como lo fue su pensamiento a lo largo de toda su vida, sin importar que estuviera aquejado el mal de Parquinson.
Alba María Díaz una ama de casa expresó que la muerte del padre Quinn la ha sentido todo el pueblo de Ocoa, porque fue un señor que siempre luchó por los pobres y que están todos agradecidos de él.
De su parte, el campesino Israel Soto expresó que Quinn fue el número uno para los campesinos porque se “fajaba a trabajar con ellos” para sembrar y enseñarles.
“El tenía diferencias con políticos porque estaban acostumbrados a mentirle a los pobres”, dijo el padre Julián Hernández.
Recordó que el padre Quinn murió desilusionado, al ver que las 40 obras prometidas por el presidente Fernández hace un año y medio no fueron cumplidas, tal como lo había expresado el obispo Bretón en la homilía.
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